Hilo rojo

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Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar el tiempo, lugar o circunstancias. El hilo rojo se puede estirar, contraer o enredar, pero nunca se romperá

En el post de hoy, os hablo de qué pienso sobre esta leyenda.

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Con miles de años de historia, tiene dos vertientes. La primera, en China. La cuentan diciendo que el Abuelo de la Luna sale todas las noches y recorre el planeta para conocer a los recién nacidos y atarles el hilo rojo que decidirá su destino.

La segunda -y mi favorita-, de Japón. Un poco más larga, pero más bonita. Hace años, un emperador, que era un niño impaciente, quería conocer a su futura esposa; la mujer para la que estaba predestinado. Acudió a una bruja que era capaz de ver los hilos rojos y le ordenó que siguiera el suyo hasta el final. Tras una larga búsqueda, el hilo rojo les llevó a una ciudad lejana, hasta una campesina que tenía un bebé en sus brazos. El resultado no agradó al emperador que empujó a la campesina e hizo que el bebé cayera al suelo hiriéndole la frente. Pasaron los años, y al buscar esposa, el emperador siguió el consejo de sus allegados que le hablaron de una joven muy bella, hija de un general dl ejército. Al retirar el velo que cubría su cara, el emperador quedó asombrado de su belleza, que únicamente distraía una fea marca en la frente.

¿Qué os parece? Siempre que escucho o releo esta leyenda, me hace pensar mucho en eso del destino entre dos personas. Como ya os dije en ¿Casualidades?, no creo en ellas ni en la suerte. También os dije que no creía en el destino, y lo sigo manteniendo, pero con matices. Y allá van.

No creo en que una persona tenga su vida escrita y no pueda actuar en ella; no pueda influir con sus decisiones, con sus aciertos, con sus fracasos. Si así fuera, la vida no tendría ningún riesgo, pues, hiciéramos lo que hiciéramos, nuestro futuro ya estaría decidido. Pero eso es una cosa muy distinta a pensar que no hay personas que están destinadas a conocerse, a coincidir en la vida en un momento determinado. Y quizá lo que suceda entre ellas ya depende un poco más de las circunstancias de cada uno y de cómo decida actuar; pero en ese sentido, no creo en absoluto en las casualidades.

¿Por qué dos personas que se conocen en la cola de un aeropuerto acaban juntos y felices para siempre?

¿Por qué un profesor y una alumna son capaces de enamorarse en tiempo récord y decidir pasar toda su vida juntos?

¿Por qué quiénes no se conocían de nada empiezan a encontrar multitud de coincidencias y conexiones en sus antepasados una vez ya han decidido que se quieren para toda la vida?

Y no, lo anterior no son preguntas retóricas o supuestos sacados de una película romántica. Son casos reales que conozco. Y sólo son algunos.

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¿Y no creéis que algo “mágico” envuelve a todas esas situaciones? Yo sí. En ese sentido, creo plenamente en el destino. Creo que hay personas que están llamadas a conocerse, a estar juntos o si no, a quererse. Y el problema es que, a veces ese hilo rojo se enreda con otras cosas, pero como dice la leyenda japonesa, nunca se rompe. Y ojo, no estoy afirmando que todo sea idílico y que sólo tenemos que buscar ese hilo y seguirlo; creo que la leyenda no quiere transmitir eso. La leyenda se limita a afirmar que hay personas que siempre se encontrarán; que siempre tendrán una conexión especial. Y muchas veces acabarán juntas y vivirán felices, pero otras puede que ni siquiera lleguen a conocerse.

¿Qué papel podemos tener entonces? No pienso que nuestro papel es pasivo y que no debemos hacer nada sólo por el hecho de estar conectados por ese hilo. Al contrario, quizá cuando uno cree encontrar a la persona que está al otro extremo debe empeñarse aún más en cuidarla y trabajar porque en ese hilo nunca se hagan nudos. ¿Cómo sabemos que esta leyenda es cierta y existe esa personas a la que estamos conectados? Pues nunca lo sabremos. Así que, aunque a mi me encanta y sí le veo algo de realidad, al final, uno tiene que dejarse llevar tanto por la cabeza como por el corazón sin dejar que uno gane al otro. Y eso es lo realmente complicado.

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¿Qué opináis vosotros?

Para acabar, os dejo un videoclip que me atrapó desde que lo ví (haced click aquí). La leyenda del hilo rojo es el fondo de mil historias de amor que suceden mientras suena “Andas en mi cabeza!. Una elección perfecta para empezar el fin de semana.

Os espero el lunes.

Feliz finde.

Malu

3 pensamientos en “Hilo rojo

  1. que te voy a contar yo! me encontre al mejor companyero de vida que podria imaginar en un chiringuito de playa de una diminuta isla Filipina… casualidad? hilo rojo? no tengo ni idea… pero magico, seguro.
    besazo bonita!

  2. Pingback: Riesgos |

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